ProCC https://www.procc.org Centro Marie Langer Thu, 11 Jun 2020 16:03:39 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.4.2 https://www.procc.org/wp-content/uploads/2019/09/favicon.ico ProCC https://www.procc.org 32 32 Panel internacional “Educar con l√≠mites saludables” https://www.procc.org/2020/panel-internacional-educar-con-limites-saludables/ Thu, 11 Jun 2020 16:03:27 +0000 https://www.procc.org/?p=5108

ūüďĘ ¬°Atenci√≥n!¬°Atenci√≥n! ūüďĘ

Ma√Īana a las 20 hs espa√Īola, tendr√° lugar el Panel internacional “Educar con l√≠mites saludables” organizado por el Cenesex en Cuba.
La Dra. Mirtha Cucco, Lic. Ana Sáenz y MsC. Grisell Crespo nos invitarán a reflexionar sobre la crianza actual y los límites necesarios para favorecer el crecer.
¬°No te lo pierdas!

https://www.facebook.com/cenesex/
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El porqu√© de una campa√Īa educativa https://www.procc.org/2020/el-porque-de-una-campana-educativa/ Sun, 24 May 2020 14:43:57 +0000 https://www.procc.org/?p=5072

Este art√≠culo pertenece a la serie ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus‚ÄĚ publicadas en el peri√≥dico¬†P√ļblico. Concretamente, esta entrada corresponde al und√©cimo art√≠culo de la serie:¬†‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus (XII). El porqu√© de una campa√Īa educativa‚ÄĚ.

La pandemia nos ha colocado en una realidad inédita y excepcional. Las situaciones de emergencia social, y esta lo es, suponen alteración de normas y de marcos de referencia de las relaciones sociales; perturbación de la vida cotidiana, de su estabilidad, sus ritmos…; y situaciones de amenaza que provocan un alto grado de incertidumbre.

Nuestros modos de vida, nuestras rutinas, fueron desbaratados. El dolor entró por nuestras televisiones y teléfonos y sufrimos un gran impacto emocional. Tenemos las energías puestas en los cambios que se suceden y que, a su vez, se modifican por momentos. Hoy la desescalada nos enfrenta a nuevos interrogantes.

Sabemos que esta es una crisis no solo sanitaria, sino tambi√©n econ√≥mica y social. Y los hechos muestran un sistema voraz e insaciable, que privilegia su l√≥gica de acumulaci√≥n sobre las necesidades de la poblaci√≥n. La ilusoria creencia hegem√≥nica de un sistema que aportaba “lo estable y previsible” da lugar a la evidencia de su fragilidad. Sentimientos de soledad e indefensi√≥n serpentean el presente y las previsiones de futuro.

Por otra parte, la apolog√≠a del individualismo como supuesta expresi√≥n de libertad, en realidad promueve cada vez m√°s ser sujetos aislados-“auto-gestionados”, con v√≠nculos fr√°giles y dependientes, “conectados-desconectados”, con gran dificultad para sostener la alteridad, las diferencias, el nosotros. Sujetos atrapados en una inmediatez que dificulta la vivencia de proceso y la capacidad de elaborar duelos.

Estas condiciones subjetivas podr√≠an entenderse como un cierto estado de “desnutrici√≥n social” que hace m√°s dif√≠cil una acci√≥n colectiva para el enfrentamiento de una situaci√≥n como la que se vive. Nos encuentra sin saber qu√© es y c√≥mo hacer un duelo social.

Nos preguntamos por qu√© el cuidado de la salud mental no va paralelo a otros cuidados. Y no estamos hablando de patolog√≠as mentales, sino del propio proceso de comprender y elaborar la realidad y sus incertidumbres. Es necesario poder adue√Īarnos de ella y ser part√≠cipes activos y no v√≠ctimas de algo que nos deja inermes y nos lleva, bien a la pasividad indefensa, o bien a la euforia negadora saliendo a ocupar la calle con actitud de que “ya pas√≥ todo”. ¬ŅC√≥mo hacer para que mantengamos la calma, elaboremos duelos, entendamos el proceso y no nos quedemos anclados en una pasividad ilusoriadepositando en un otro impersonal las decisiones?

Pensando soluciones en el marco de procesos de transformación social, nos preocupa y ocupa la necesidad de tener en cuenta tanto hechos materiales objetivos (combatir el virus, analizar desigualdades, considerar nuevas precariedades…) como los estados sociales de fragilidad subjetiva a los que antes hacíamos mención. La vida cotidiana y el análisis de sus malestares permite acercarnos a las problemáticas que se vivencian y nos da pistas para elaborar formas de afrontamiento, pero las soluciones no se improvisan, ni aparecen solas.

No es posible pasar de las debilidades del “individualismo idolatrado” a ser cooperativos sin un trabajo propositivo. Estamos desentrenados. Trabajar en y con la comunidad para afianzar lazos y fortalecer trama social frente a los desaf√≠os que se avecinan implica m√©todo. No se trata de abanderar el voluntarismo. Sin embargo, advertimos con preocupaci√≥n que cuando m√°s hay que desarrollar habilidades y capacidades para esta gran tarea de trabajar la conciencia social, es cuando m√°s se desdibuja, se desconoce, la potencia comunitaria del conjunto de recursos profesionales e institucionales‚Ķ, la dimensi√≥n comunitaria de los Servicios Sociales, de la Atenci√≥n Primaria y de Educaci√≥n, en momentos en que se precisa una pedagog√≠a de emergencia.

Bueno ser√≠a que, junto a muchas iniciativas solidarias que han surgido, tambi√©n desde instancias institucionales se advirtiera la gran necesidad del trabajo pedag√≥gico en y con la poblaci√≥n; que no solo se informe, sino que tambi√©n se tome el pulso de los comportamientos sociales frente a la pandemia. No se trata de sacar estad√≠sticas sobre si se violaron parques precintados, sino de preguntarnos por qu√© sucede eso y ver qu√© podemos hacer para generar conciencia general y no quedarnos solo en se√Īalar con el dedo a culpables individuales. Es la hora de comprender la comunidad, los intereses comunes.

¬°Cu√°nto alivio y qu√© sanador es compartir espacios con las dem√°s personas y encontrar elementos para comprender y elaborar lo que est√° pasando! ¬°Juntas buscar soluciones! La realidad requiere que hoy formemos parte activa del cuidado social con responsabilidad e inventiva. Para ello es necesario fortalecernos en la capacidad de escucha, la b√ļsqueda de consensos, el desarrollo de actitudes colectivas. As√≠ armamos lazo y acrecentamos el sentimiento de comunidad.

Tomemos en nuestras manos el compromiso de fortalecer el nosotros, tan imprescindible para nuestra recuperaci√≥n frente a la pandemia como para la construcci√≥n de un nuevo orden mundial m√°s justo. Seamos parte de una necesaria “campa√Īa educativa”con organizaci√≥n y m√©todo, contribuyendo colectivamente a esclarecer y construir alternativas l√ļcidas, frente a un futuro que se torna incierto.

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¬ŅY los servicios sociales‚Ķ? https://www.procc.org/2020/y-los-servicios-sociales/ Sun, 24 May 2020 14:38:31 +0000 https://www.procc.org/?p=4897

Este art√≠culo pertenece a la serie ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus‚ÄĚ publicadas en el peri√≥dico¬†P√ļblico. Concretamente, esta entrada corresponde al und√©cimo art√≠culo de la serie:¬†‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus (XI). ¬ŅY los servicios sociales…?‚ÄĚ.

“No estamos preparados para afrontar los problemas que esta pandemia suma a las situaciones de precariedad social‚Ķ”, planteaba una compa√Īera trabajadora social. Y… ¬Ņentonces?

Adem√°s de los servicios sanitarios, los Servicios Sociales han tenido que hacer una “adaptaci√≥n camale√≥nica” para hacer frente a las prioridades que se plantean hoy en la atenci√≥n social en esta supuesta “sociedad del bienestar”. Han tenido que priorizar unas necesidades sabiendo que otras quedar√≠an relegadas. Si ya estaban acostumbrados a las precariedades sociales de las personas, a sus diversas demandas, masivas, y a c√≥mo atender los pedidos econ√≥micos con las escasas ayudas sociales con las que se cuenta, y con toda una burocracia paralizada o ralentizada, ahora han tenido que enfrentar una reorganizaci√≥n importante.

Inicialmente, se dan situaciones ca√≥ticas y angustiosas con una sobrecarga extrema: “Vamos improvisando sobre la marcha”. Los sucesos de personas afectadas por el virus en la poblaci√≥n anciana han implicado poner la mirada en este sector de la poblaci√≥n, que est√° requiriendo estrecho seguimiento y coordinaciones preventivas.

El Servicio de Ayuda a Domicilio, recurso humano fundamental para el apoyo de personas que viven solas o en situaciones de desprotecci√≥n familiar/social, se ha mermado notablemente no solo por la escasez de medios de protecci√≥n que ha generado abandonos, sino por una nueva organizaci√≥n familiar a causa del confinamiento o porque se rechaza este apoyo por miedo a que su familiar enferme. “De 60 auxiliares que hab√≠a, hoy en activo han quedado 20”, comentaba una compa√Īera de Trabajo Social de un municipio de 1.150 habitantes.

La petici√≥n de ayudas alimentarias a los Ayuntamientos ha puesto patas arriba a los Servicios Sociales y, en muchos casos, han tenido que recurrir a instituciones privadas como Cruz Roja, C√°ritas, hermandades, asociaciones y, en algunos casos, colaboraciones vecinales y otras organizaciones: “Estamos volviendo a la beneficencia”, se escucha.

Hay toda una poblaci√≥n vulnerable, dificultades econ√≥micas y consecuencias graves a nivel vincular y familiar. Precariedades laborales, econ√≥micas, endeudamientos con los bancos, alquileres o hipotecas, desahucios, enfermedades mentales y discapacidad, drogodependencias, violencias, problemas familiares‚Ķ Hay demandas que quedan relegadas con graves consecuencias que “a ver c√≥mo se enfrentan”: ‚ÄėAnciana dependiente hospitalizada sin que ning√ļn familiar se pronuncie‚Äô. ‚ÄėJoven con discapacidad que no puede ser contenido en la familia precisando una residencia socio-educativa‚Äô…, situaciones de emergencia social que no pueden demorarse, pero que no tienen respuesta: “Me he visto sola ante situaciones de vulnerabilidad extrema y sin recursos, no sab√≠a a d√≥nde dirigirme”, comenta una compa√Īera.

Todo un malestar cotidiano callado que se desborda, un malestar social que requiere respuestas firmes y que den seguridad dentro de la incertidumbre.

¬ŅQu√© hacer? “Hacemos lo que se puede”; pero dar cobertura a las nuevas necesidades sociales no es cuesti√≥n de voluntarismo.

A menudo, la posición profesional instituida desde el sistema social actual se mueve entre la omnipotencia y la impotencia. Sostener la omnipotencia implica una posición ilusoria de aportar soluciones desconectadas de un análisis de la realidad y sus posibilidades. Esta posición lleva inevitablemente a la impotencia, que implica conformismo y dependencia.

Salir de esta posici√≥n permitir√≠a rescatar la potencia profesional, no quedar atrapados y atrapadas en la encrucijada entre el mandato institucional y las demandas de la poblaci√≥n, y evitar desgastes. Dar√≠a otro lugar al trabajo de equipo, interdisciplinar e interinstitucional, y potenciar√≠a la capacidad de organizaci√≥n y el desarrollo de la poblaci√≥n, como lo demuestran, en muchos casos, distintas formas de organizaci√≥n vecinal: “Algunos usuarios que viven solos est√°n demostrando bastante autonom√≠a”; “estamos viendo grupos sociales que elaboran medidas de protecci√≥n creativas que aportan a los Centros de Salud“. Autonom√≠a y participaci√≥n social que no se esperaban muchos profesionales.

Esta situaci√≥n de pandemia ha puesto a√ļn m√°s sobre la mesa la necesidad de retomar el verdadero sentido del Trabajo Social. La importancia de conocer la comunidad, sus problemas, sus potencialidades, sus recursos; la persistencia, imaginaci√≥n, coordinaci√≥n‚Ķ, la b√ļsqueda de alternativas desde un pensamiento diverso que enfoque a actuaciones con m√°s sentido: ganar y generar protagonismo, acci√≥n participativa, autonom√≠a.

Para comprender qué está pasando, qué nos está pasando, es necesario abrir la mirada teniendo en cuenta la lógica del capital, el neoliberalismo, los mercados…, que no están precisamente al servicio de cuidar la vida. Interpelar estas lógicas permite identificar las verdaderas necesidades y no normalizar las desigualdades sociales instaladas.

Es imprescindible trabajar por recuperar el lazo social rescatando el valor de lo grupal para desarrollar la capacidad instituyente, la participación social desde cada rincón, desde cada comunidad.

Es preciso que la Orientación Comunitaria sea el enfoque que direccione el quehacer profesional. Se trata de profesionales que trabajan en y con la comunidad. Y las circunstancias actuales les ponen frente a un gran reto.

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¬ŅJugamos a las casitas? https://www.procc.org/2020/jugamos-a-las-casitas/ Sun, 24 May 2020 14:38:08 +0000 https://www.procc.org/?p=4893

Este art√≠culo pertenece a la serie ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus‚ÄĚ publicadas en el peri√≥dico P√ļblico. Concretamente, esta entrada corresponde al octavo art√≠culo de la serie: ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus (X). ¬ŅJugamos a las casitas?‚ÄĚ.

Unas mantas, unas sillas, alguna escoba, pinzas… no se necesita más para hacer casitas y crear algo donde antes no existía. Eso es jugar: una experiencia humana compleja, un espacio-tiempo particular donde, por nuestra sola voluntad e imaginación, transformamos la realidad desarmando, construyendo y habitando otros mundos y vínculos, sólo por el placer que genera.

La dureza de estos tiempos de encierro nos devuelve una capacidad expropiada o confinada a lo excepcional: jugar. “Jugamos a las cartas en familia por la noche, como en vacaciones”; “hemos sacado todos los juegos de mesa que ten√≠amos olvidados”; “estoy recuperando el placer de emborronar con ceras, no me acordaba cu√°nto me gusta”; “ahora tenemos tiempo disponible y no podemos salir fuera de casa para entretenernos”.

Para quienes conviven con menores, jugar es una experiencia cotidiana, sentida de maneras diversas. A veces, pas√°ndolo pipa (“llevo toda la tarde jugando con los cr√≠os goz√°ndola”). Otras, desde la obligaci√≥n, agobi√°ndose por no disponer de tiempo propio para leer, descansar, desconectar (“nos tiene secuestrados: todo el d√≠a jugando”). En estos d√≠as, tambi√©n, “compens√°ndoles” el encierro con propuestas l√ļdicas y/o educativas (“ahora, a ser padre he tenido que sumar ser maestro, monitor y cocinero”). Casi siempre, sintiendo todo a la vez.

El sistema penaliza jugar. Por un lado, niega lo necesario que es (“es cosa de ni√Īos“, “no sirve para nada”), “cobra” el tiempo dedicado (“es una p√©rdida de tiempo”) o lo ningunea (“no es serio”); por otro, ofrece jugar como escape o evasi√≥n de la realidad cotidiana y sit√ļa a las personas como meras consumidoras (apuestas y juegos online, espect√°culos deportivos). Afecta tambi√©n la relaci√≥n entre adultas y adultos y peques en el mundo del juego. A los adultos primordiales los pone en una tarea “educativa” en cuanto al qu√© y c√≥mo jugar, expropiando el juego como una experiencia elegida, placentera, “improductiva”. A las y los peques, los coloca como demandantes constantes de atenci√≥n y entretenimiento, clientes de un mercado que reduce las opciones, cada d√≠a m√°s, a la pantalla y la soledad.

Pero entonces ¬Ņqu√© es jugar?

Jugar es crear otros espacios, otros estados de √°nimo, otras formas de ser y vincularnos. No es s√≥lo “entretenernos” en casa. Quiz√° es tiempo de recuperar la manta, las sillas, la escoba, las pinzas y las ganas de construir casitas. Cuando jugamos, b√°sicamente, nos relacionamos de otra manera con nosotras y nosotros mismos, con el resto de personas, con los espacios y objetos. Jugar siempre es un territorio de posibilidades ilimitadas donde crear, explorar, experimentar.

La primera elecci√≥n es jugar o no jugar: ¬Ņte permites entrar en ese espacio-tiempo particular, la Realidad L√ļdica, que te ofrece el hacer casitas? Recuperar el juego y la actitud l√ļdica como experiencia de placer y libertad, como forma de afrontar nuestras necesidades de cercan√≠a, de esperanza, de conexi√≥n, de manera creativa y colectiva, en estos d√≠as. Colectiva porque, incluso en soledad, siempre jugamos en compa√Ī√≠a, con diferentes versiones propias y con la memoria, la experiencia y la presencia de otras personas y situaciones. Creativa porque jugar es siempre buscar otras formas y posibilidades para los objetos, personas y respuestas habituales. En ese proceso de atenci√≥n y compromiso con el jugar, nos transformamos como personas.

La segunda elecci√≥n es cu√°ndo, a qu√© y c√≥mo queremos jugar, porque no todos los juegos son iguales, ni generan lo mismo. Se puede, y es importante, elegir cu√°ndo y c√≥mo jugar tanto peques como mayores. Cu√°ndo, porque no siempre es tiempo de jugar o de jugar en compa√Ī√≠a. Y c√≥mo, porque podemos jugar con diferentes papeles: como espectadores (“¬°mira, mam√°!”); como objetos inertes (poner el cuerpo y ser canasta de pelotas de papel, mu√Īeca para peinar); como √°rbitros o mediadores; siendo una o uno m√°s dentro del juego.

Juguemos a convertir los espacios en otros que nos gustan (una acampada en el sal√≥n; un d√≠a de playa). Juguemos a ser otras personas u objetos (un pirata, un cami√≥n). Juguemos en compa√Ī√≠a o en solitario (a adivinar qui√©n me enviar√° m√°s mensajes hoy, a inventarles vidas y personalidades a mis plantas). Juguemos desde y con nuestros cuerpos (al escondite, a pintarse y dibujarse sobre el cuerpo, a hacer figuras con las manos).

Juguemos para que la actitud l√ļdica se haga v√≠rica y contagie creatividad, autonom√≠a y esperanza. Aprovechemos este tiempo para recuperar el juego, revalorizando el territorio de “lo in√ļtil” y “lo improductivo”. Juguemos para re-crear y sub-vertir la realidad en que vivimos y las formas de vincularnos hacia maneras m√°s humanas y transformadoras. ¬ŅJugamos a las casitas?

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Campa√Īa “CAMBIA EL ROLLO” https://www.procc.org/2020/campana-cambia-el-rollo/ Wed, 06 May 2020 13:33:59 +0000 https://www.procc.org/?p=4993 Leer m√°s]]> En general la crianza no es f√°cil y en estos tiempos es todo m√°s complejo. Tenemos los nervios a flor de piel, el d√≠a se nos hace largo y a la vez sentimos que no tenemos tiempo para nada. Aunque algunas de estas cosas son inevitables hay herramientas que pueden ayudarnos a cuidar el v√≠nculo con nuestros hijos e hijas y hacer que nuestra cotidianidad sea m√°s saludable.
¬ŅCambiamos el rollo? Atenci√≥n a las nuevas actividades.

Grupo de Familias

Escuela de madres y padres de 5 sesiones de 2h por sesión. Una vez por semana.

En este espacio participativo y din√°mico, un grupo estable y reducido de personas, profundarizaremos en la problem√°tica del grupo familiar actual.

¬ŅC√≥mo lo haremos?

Compartiremos inquietudes, las analizaremos, conoceremos conceptos nuevos y reflexionaremos sobre las contradicciones que nos encontramos en la práctica para construir alternativas. Lo haremos a través de una metodología participativa, del uso de técnicas como juegos, escenas y dinámicas específicas.

¬ŅD√≥nde?

En Zoom, una plataforma de videoconferencias online.

¬ŅCu√°ndo?

Los miércoles de 20 de mayo al 17 de junio de 17:30 a 19:30.

¬ŅCu√°nto?

El Grupo de Familias tiene un coste total de 60‚ā¨ por unidad familiar.

Aula Virtual

Ciclo de 4 conferencias de 1h en formato presencial o diferido. Dos sesiones por semana.

Serás partícipe de una serie de conferencias sobre crianza en la que se abordarán algunas dificultades y malestares relacionados a partir de tus preguntas.

¬ŅC√≥mo lo haremos?

Usaremos el formato conferencia para la exposición de las temáticas que nos preocupan hoy en la crianza. Al final de las sesiones, recogeremos las preguntas que puedan surgiros mediante el chat y elaboraremos una respuesta tomando vuestros ejemplos que presentaremos en la siguiente conferencia.

¬ŅD√≥nde?

En Zoom, una plataforma de videoconferencias online.

¬ŅCu√°ndo?

Los martes y jueves 26 y 28 de mayo, 2 y 4 de junio, de 18:30 a 19:30.

¬ŅCu√°nto?

El Aula Virtual tiene un coste total de 25‚ā¨.

Asesoría Familiar

Espacio de asesoría con un profesional especializado.

Podr√°s exponer tus preocupaciones particulares, las analizaremos conjuntamente y generaremos estrategias de abordaje personalizadas.

Se trata de un servicio dirigido a adultos en el que podr√°s acudir de modo individual, en pareja o con tu grupo familiar.

¬ŅD√≥nde?

Por videoconferencia o teléfono.

¬ŅCu√°ndo?

Tendr√°s que contactar con nosotros/as para concertar una cita.

¬ŅCu√°nto?

La Asesor√≠a Familiar tiene un coste de 40‚ā¨/h.

Ap√ļntate

Pinchando aquí

Llamando al 653 93 92 92

Escribiendo un WhatsApp al 653 93 92 92

Escribiendo a familias@procc.org

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La escuela en la nube https://www.procc.org/2020/la-escuela-en-la-nube/ Fri, 01 May 2020 16:55:32 +0000 https://www.procc.org/?p=4890

Este art√≠culo pertenece a la serie ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus‚ÄĚ publicadas en el peri√≥dico P√ļblico. Concretamente, esta entrada corresponde al noveno art√≠culo de la serie: ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus (IX). La escuela en la nube‚ÄĚ.

Y lleg√≥ el d√≠a del cierre de las aulas cuando ni√Īos, ni√Īas y adolescentes, con aparente alegr√≠a, exclamaron: “¬°Ma√Īana no hay clase!”. Tras una desorientaci√≥n y titubeo inicial, la ense√Īanza se reinvent√≥ en 24 horas. Poco despu√©s, la escuela se instal√≥ en las casas de profesorado y alumnado. “Curso r√°pido de tele-escuela”… otra exigencia m√°s para la agenda docente de formaci√≥n permanente.

La educaci√≥n ha pasado de un escenario presencial a otro virtual, sin soluci√≥n de transici√≥n. “As√≠, a la fuerza”, dice una maestra. Los y las profesionales de educaci√≥n, a quienes el saber se les supone, son puestos frente al teclado y la webcam por igual, ya sean de la generaci√≥n del baby boom o millennials. “Le he tenido que pedir ayuda a mi hija para que me ponga el google meets”, explica un educador. Quienes mostraban gran convencimiento en las excelencias de lo telem√°tico ya hab√≠an incorporado estas herramientas en sus aulas, otros se sienten perdidos y abrumados. “¬°Uf! Esto de hacerme youtuber de la noche a la ma√Īana lo llevo fatal”.

La dificultad que ya exist√≠a en los centros para encontrar espacios de coordinaci√≥n de equipo se traslada a lo telem√°tico, a veces dando como resultado un exceso de trabajos para el alumnado. Sensaci√≥n de frustraci√≥n, impotencia y sobrecarga en todas direcciones; en el alumnado, muchas tareas en la bandeja de entrada; en el profesorado, b√ļsqueda de herramientas que permitan explicar, aclarar, mantener la relaci√≥n con el alumnado. “Mucho esfuerzo y poca eficacia”, lo resume una profesora, por los intentos infructuosos de conexi√≥n grupal, por el curso acelerado en TICs que la crisis ha supuesto.

La tarea de socializaci√≥n de la escuela no se puede sustituir por ninguna ap sin embargo, asumiendo lo esperado por la sociedad, los y las docentes se han puesto manos a la obra. “Servimos para cualquier cosa, para cualquier situaci√≥n”, se apunta.

Pero‚Ķ ¬ŅQu√© pasa al otro lado de la pantalla? ¬ŅQu√© ocurre con los que no se conectan? La vulnerabilidad de muchas familias, as√≠ como las dificultades de acceso a lo telem√°tico, est√°n mostrando las desigualdades instaladas. Por otra parte, el s√≠ndrome de “la hora de los deberes” se agudiza, dificultando el encuentro entre la labor de la escuela y la familia.

Los cambios, a los que obliga el confinamiento, acent√ļan y ponen m√°s en evidencia ciertos malestares que ya exist√≠an antes de la crisis por pandemia, por ser inherentes al sistema social en el que vivimos. Es decir, trascienden a cada escuela o docente en particular.

En una sociedad que deposita la resoluci√≥n de muchas de sus contradicciones en la escuela, el rol asignado al profesorado queda cargado de omnipotencia, pues parece que todo es “cuesti√≥n de educaci√≥n”.

Desde el mandato hegem√≥nico, ser maestro o maestra es ser alguien con muchas manos, que sabe y atiende todo, con disponibilidad absoluta y siempre con una sonrisa. Esto, unido a la falta de herramientas adecuadas (el ejercicio de la autoridad, los l√≠mites, la dimensi√≥n grupal de la clase…), genera altos niveles de desgaste, que se exacerba en la situaci√≥n actual.

La tarea del aula se mete en los espacios privados, o sea, en las casas y en todos los momentos del d√≠a. “Ahora mismo estoy online con mis ocho grupos de la ESO… esto es de locos”, expresa un profesor. Se hace dif√≠cil mantener el l√≠mite dentro de lo saludable y se entra en un bucle de mensajes por contestar, a cualquier hora, de estudiantes que preguntan: “¬ŅQu√© hay que hacer?” y a quienes se les repite, individual y recurrentemente, la misma consigna que ya estaba explicada en el ejercicio. Y en este escenario, inundado por la inmediatez del hacer, la tarea educativa se empe√Īa en seguir el curso, como si no pasara nada.

Frente a esta realidad, es importante tener en cuenta algunas consideraciones que puedan contribuir al verdadero sentido de la tarea educativa en estos difíciles momentos. Entendemos como necesario:

  • No poner en el centro lo curricular, es necesario bajar exigencias. No se juega el futuro de todos los aprendizajes en los meses de confinamiento. Se juegan otras cosas.
  • No intentar replicar la escuela en casa. No se trata de dar clases “presenciales a distancia”. Asumir la tolerancia a la frustraci√≥n, ya que se requiere un aprendizaje metodol√≥gico que lleva su tiempo.
  • Tomar conciencia de “este parar”. Tanto el profesorado como el alumnado requieren un tiempo para elaborar lo que est√° pasando, que no se suple con trabajos escolares, como si no pasara nada. ¬°S√≠ pasa!
  • Hablar de los sentimientos contradictorios que la realidad provoca es saludable. Es importante que el profesorado pueda hablar de estos malestares, evitando caer en la cultura de la queja o el desgaste.
  • No ahondar las dificultades en la relaci√≥n familia-escuela. Es posible un encuentro que cuide las necesidades de ambas partes.

Estamos viviendo una situación nueva en medio de un clima de incertidumbre. Es necesario ir encontrando espacios para procesar todo lo que se va sintiendo. Busquemos alternativas entre todos y todas.

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Talleres en el marco de la pandemia https://www.procc.org/2020/talleres-en-el-marco-de-la-pandemia/ Fri, 24 Apr 2020 15:02:35 +0000 https://www.procc.org/?p=5080 Leer m√°s]]> Desde el Grupo de Desarrollo “YVY Maran√©”, en C√≥rdoba, Argentina, se realizaron dos talleres con docentes, con el objetivo de brindar un espacio de escucha y contenci√≥n de la situaci√≥n que vive el profesorado. Pasar de un escenario presencial de aprendizaje a uno virtual, ‚Äúinstalar‚ÄĚ la escuela en casa, ha generado multiplicidad de situaciones con desborde y sobrecarga, junto a muchos interrogantes‚Ķ ‚Äú¬ŅHacer c√≥mo que no pasa nada?‚ÄĚ

Elementos del proceso de duelo, necesidad de duelo colectivo, de sentir el grupo, lo asignado-asumido al rol docente, qu√© deben aprender los ni√Īos y ni√Īas hoy, qu√© es una pedagog√≠a de emergencia, fueron algunas cuestiones sobre las que se reflexion√≥.

Fué una hermosa tarea que generó agradecimiento y contención para seguir.

Equipo de Coordinación: Viviana Casih y Mónica Jaurena

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“EPI EMOCIONAL” PARA SANITARI@S https://www.procc.org/2020/epi-emocional-para-sanitaris/ Thu, 09 Apr 2020 10:05:28 +0000 https://www.procc.org/?p=4771 Desde el centro Marie Langer queremos ofrecer algunos espacios de reflexi√≥n para profesionales sanitari@s para contribuir a la atenci√≥n de las vivencias que la actual situaci√≥n provoca en el marco de su quehacer profesional.

VIERNES 10 DE ABRIL – 17:00

S√ĀBADO 11 DE ABRIL – 11:00

Inscríbete aquí

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Y… ¬Ņdespu√©s? https://www.procc.org/2020/malestares-cotidianos-en-pandemia-viii/ Wed, 08 Apr 2020 07:34:13 +0000 https://www.procc.org/?p=4725

Este art√≠culo pertenece a la serie ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus‚ÄĚ publicadas en el peri√≥dico¬†P√ļblico. Concretamente, esta entrada corresponde al octavo art√≠culo de la serie:¬†“Malestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus (VIII). Y‚Ķ ¬Ņdespu√©s?”.

“¬ŅCu√°ndo nos dejar√°n salir?”, “parece que ya superamos la curva”‚Ķ Son frases que se enlazan con la fantas√≠a de que pase este evento y todo recupere su normalidad.

En un primer momento, la mirada se centró en el virus, los contagios, las medidas, las marchas y contramarchas con los test, el riesgo de la saturación sanitaria.

Cuando lleg√≥ el confinamiento, ese parar abri√≥ un escenario de avatares de la convivencia: la conciliaci√≥n con el tele-trabajo, el qu√© hacer con los ni√Īos y ni√Īas, el inventar nuevas rutinas que deb√≠an suplir las habituales de la prisa cotidiana. Empezaron a hacerse m√°s evidentes las desigualdades instaladas que se normalizan, como la diferencia de las viviendas (cuando no su ausencia), la inestabilidad de los puestos de trabajo, el paro, el papel del trabajo invisible de cuidados‚Ķ

En alg√ļn sentido tranquilizaba pensar que era un evento sanitario, pero cada noticia sanitaria que expresaba la evoluci√≥n de la pandemia era inmediatamente seguida de noticias sobre la situaci√≥n econ√≥mica: la incidencia en la bolsa de valores, los despidos, t√≠midas medidas presupuestarias m√°s paliativas que estructurales, las decisiones a tomar con la situaci√≥n de las y los aut√≥nomos, los alquileres‚Ķ

En este estar, un clamor que se va haciendo cada vez m√°s fuerte va resonando desde el sentir colectivo, expresado en el “¬Ņy despu√©s?”.

Se abre la conciencia de que es una crisis no solo sanitaria, sino económica y social. Y los hechos que se ponen de manifiesto en el afrontamiento de esta situación hacen que aflore y sea más visible que vivimos en un sistema voraz e insaciable, que privilegia su lógica de acumulación sobre las necesidades de la población.

A escala planetaria se discuten, con actitud fríamente calculadora, los riesgos de contagios y muertes frente a los riesgos de la economía. Mientras tanto, las y los sanitarios de un sistema de salud recortado y entregado a los brazos del capital privado, realizan con heroicidad titánicos esfuerzos. Mientras tanto, la población vela en solitario a sus seres queridos. Mientras tanto, sentimientos de soledad e indefensión embargan a esas personas que perdieron el trabajo y están aisladas.

En el √°mbito de las grandes decisiones, en pos de peregrinas defensas de la democracia, se ponen obst√°culos en lugar de jerarquizar con generosidad la uni√≥n para atender la necesidad y la urgencia. En muchos casos se plantea buscar f√≥rmulas para que el mercado laboral “no sea tan inseguro”, es decir, m√°s de lo mismo.

Va quedando claro que una pol√≠tica neoliberal que se recuesta en los mercados, que se sostiene en una l√≥gica de la desigualdad y de la precarizaci√≥n de muchos y muchas, que exigi√≥ recortes en la sanidad p√ļblica, diluyendo, as√≠, el papel del Estado como garante de la salud de la poblaci√≥n, no puede cuidar la vida, ya que eso no est√° dentro de su obscena l√≥gica de obtenci√≥n de beneficios.

Desgraciadamente, las personas tambi√©n hemos sido colonizadas por esas mismas l√≥gicas y somos nuestro propio enemigo, cuando esperamos “a ver c√≥mo nos cuidan”, “a ver c√≥mo nos solucionan”; cuando esperamos de quien no se puede esperar; cuando el consumo hace de “b√°lsamo que anestesia”. Denuncia un repartidor: “no paro de entregar en domicilios prendas de moda, productos de capricho. Acabo de recoger una devoluci√≥n de una camiseta que alguien pidi√≥ online y ha decidido que no le queda bien. Yo tambi√©n me expongo trabajando, entreguemos solo productos de primera necesidad”.

¬ŅQu√© hacer?‚Ķ ¬°Ahora es cuando!

Es importante unirse a las voces que abren la esperanza. Muchos hablan de la oportunidad “de no volver a ser los y las de antes”. Se perfilan vivencias de haber recuperado humanidad y conciencia de la necesidad de las dem√°s personas. Se corren velos de la invenci√≥n capitalista y se comprende, a√ļn m√°s, que el dinero y las endiabladas transacciones financieras son una ficci√≥n. Real, pero ficci√≥n al fin, cuando son presentadas como la √ļnica forma de organizar la sociedad.

Como sociedad tenemos una deuda. En Historia muchas veces no se llegaba a la Segunda Guerra Mundial. Tambi√©n cabe preguntarse ¬Ņcu√°ntos j√≥venes de hoy estudiaron la crisis del 2008? Se han planteado falsas neutralidades, se demoniz√≥ la palabra ideolog√≠a y se expropi√≥ el conocimiento de los aspectos macro-sociales, que permiten que una poblaci√≥n incorpore la dimensi√≥n geopol√≠tica en sus reflexiones cotidianas. Urge saldar esta deuda. No contar con elementos b√°sicos para comprender los desplazamientos y maniobras militares en Europa en tiempos de coronavirus; no contar con elementos para explicarnos la deslocalizaci√≥n y feroz competencia internacional de los mercados que impiden el abastecimiento de un material sanitario, ahora imprescindible; no comprender los intereses geopol√≠ticos que generan el desplazamiento de personas que buscan refugio, encontrando indiferencia y a menudo la muerte en el Mediterr√°neo‚Ķ por solo poner unos ejemplos, deja sin entender la realidad que vivimos. Esta “ignorancia social planificada” hace que las personas se auto-marginen respecto a las decisiones que conciernen a los destinos sociales, y eso genera indefensi√≥n.

Es importante recuperar el papel de un Estado que coloque la vida en el centro, que defienda el bien com√ļn; desarrollar la participaci√≥n activa para el necesario control social; recuperar ese conocimiento expropiado de las determinaciones econ√≥mico-sociales; juntarse a pensar soluciones; muchos y muchas ya lo est√°n haciendo. Se vienen tiempos dif√≠ciles solo llevaderos desde el abrazo hermanado y la fuerza colectiva capaz de instituir una sociedad m√°s humana, m√°s solidaria, m√°s saludable. Ese “despu√©s” es una construcci√≥n de todos y todas.

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El individualismo contra las cuerdas https://www.procc.org/2020/malestares-cotidianos-en-pandemia-vii/ Mon, 06 Apr 2020 07:50:09 +0000 https://www.procc.org/?p=4708

Este art√≠culo pertenece a la serie ‚ÄúMalestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus‚ÄĚ publicadas en el peri√≥dico¬†P√ļblico. Concretamente, esta entrada corresponde al s√©ptimo art√≠culo de la serie:¬†“Malestares de la vida cotidiana en situaciones de crisis por el coronavirus (VII). El individualismo contra las cuerdas”.

Ante el impacto de la dura realidad de enfrentar una pandemia se generan sentimientos inevitables propios de tan inédito proceso: miedo y sensación de peligro; incertidumbres frente a los cambios permanentes; impotencia al no poder medir consecuencias; desconcierto por informaciones ciertas que se entrelazan con falsas noticias.

Esto es así como parte de un proceso que hay que transitar. Y son de agradecer las informaciones sobre el virus y las medidas a tener en cuenta, las orientaciones para los difíciles momentos de pérdida de seres queridos, los cientos de consejos de rutinas necesarias para mantener la calma en el confinamiento, los links a películas y otros entretenimientos, los videos para mantenerse en forma.

Pero… aquí se pone en juego algo más profundo que se da por sentado y sobre lo que es importante reflexionar.

Se pone en juego la confianza en los y las dem√°s; queda muy visible lo que en otros casos se soslaya, que es la interdependencia entre los seres humanos. Se pone en juego el bien com√ļn desde la responsabilidad colectiva, la cooperaci√≥n, el abrazo social. Se requiere que seamos protagonistas activos en decisiones y acciones. Y podr√≠amos decir que, en todo esto, la pandemia nos encuentra, como sociedad, un tanto “desnutridos” y urge fortalecernos.

En el sistema social en el que vivimos se plantea el progreso individual como fruto del desarrollo de un ser aislado, ajeno a las necesidades comunes. Sin embargo, se promueve su dependencia “natural” del mercado, cuya l√≥gica impiadosa de acumulaci√≥n, cargada de “recortes”, no sirve para cuidar nuestras vidas. La contracara, que se hace m√°s evidente en situaciones como esta es la soledad y los sentimientos de indefensi√≥n.

Una de las m√°ximas del individualismo es que la felicidad consiste en “maximizar mi placer y minimizar mi dolor”. Enga√Īosamente parece adecuado, pero‚Ķ ¬Ņqu√© pasa si, en un momento de restricciones en el uso del agua, alguien llena su piscina y dice estar en su derecho, mientras una parte importante de la poblaci√≥n, en el marco de las desigualdades, enferma de diarreas por falta de agua?

Algo parecido a cuando alguien se siente con derecho a dar un peque√Īo paseo, como si a nadir m√°s se le pudiese ocurrir, pero ¬Ņqu√© sucede si todo el barrio sale a pasear? Sencillamente se rompen los fines del confinamiento y perdemos todas y todos.

Tambi√©n lo podemos observar cuando se saltan las medidas de evitar desplazamientos: “hab√≠a un control policial, pero busqu√© un camino secundario y consegu√≠ llegar al pueblo”; o cuando se busca la rentabilidad individual vendiendo geles y mascarillas y tantas cosas m√°s a precios exorbitantes. Esto, por poner ejemplos a peque√Īa escala.

Y lo peor es que solo reprochamos conductas individuales del vecino o vecina, sin reparar en que es un problema social.

Siendo individual es social, porque el sistema en que vivimos, en el marco del neoliberalismo, incide y hace “recortes” en aspectos de nuestra propia subjetividad. Se construyen v√≠nculos m√°s fr√°giles que nunca. La autoestima se juega en los “me gusta”. Se nos empuja a ser seres “conectados-desconectados”. Se exacerba la omnipotencia, se nos expropia la idea de proceso con la inmediatez del “todo ya”. Una vulnerabilidad no consciente nos apega a nosotros mismos y se nos debilita el v√≠nculo con el semejante. Esto nos hace m√°s indefensos y es importante trabajarlo.

Ello implica desandar el individualismo, recuperar el lazo social como seres sociales que somos, no solo para enfrentar la pandemia, sino para recuperar humanidad. En el hacer con los dem√°s est√° la fuerza del estar bien, del bien-estar.

Ese desandar no es tarea f√°cil. Podemos empezar por algo muy a nuestro alcance.

Vamos a recuperar autonomía. La fragilidad está en la dependencia que niega nuestras capacidades. Sin darnos cuenta hemos ido regalando nuestra capacidad de decidir, porque el mercado decide por nosotros y nosotras.

Sint√°monos parte. No nos quedemos en la falsa sensaci√≥n de “alivio” cuando decimos: “se tomar√°n medidas”, “a ver los de arriba qu√© deciden”. Rompamos la fantas√≠a de que un criterio a tomar est√° ya construido en alg√ļn lugar. Cada persona contribuye a crear los criterios en un proceso y desde los saberes de cada una.

Filtremos la información. No nos quedemos sin ella por saturación, esto sería una forma de anularnos.

Entendamos las medidas. Asumirlas desde la comprensi√≥n hace que su cumplimiento no sea una sumisi√≥n obediente y “ajena”, que nos hace sentir pasivos en el afrontamiento de la realidad. No es lo mismo decir: “a ver cu√°ndo nos dejan salir” que “a ver cu√°ndo podemos salir”.

Trabajemos en la educaci√≥n de ni√Īos y ni√Īas. La sobreprotecci√≥n, la paridad y la dejaci√≥n del lugar adulto solamente generan dependencia. Contribuyamos a desarrollar autonom√≠a.

Es con otros y otras con quienes nos salvamos. La verdadera fortaleza est√° cuando pensamos nuestras necesidades en colectivo y nos ponemos manos a la obra.

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